23 mayo, 2026
JudicialPrincipal

Con tarifas de hasta $1.500.000 guardianes dejaban ingresar celulares, droga y licor a La Tramacúa

Las capturas de los guardianes del Inpec se realizaron en diferentes barrios de Valledupar.

Mientras avanza la judicialización de siete guardianes del Inpec, implicados en una red de extorsionistas que delinquía desde la cárcel La Tramacúa, en Valledupar, más detalles se conocen del modus operandi de los funcionarios para dejar ingresar teléfonos celulares, comida, droga y licor a la penitenciaría.

Con base en testimonios recaudados por la Fiscalía se pudo establecer que presuntamente los dragoneantes procesados por concierto para delinquir con fines extorsivos, establecieron tarifas que cobraban a los internos, según los elementos que dejaban entrar al penal.

“Los dragoneantes empezaron a ingresar comida rápida, tragos, celulares, sim card, modem para wifi, y para ello cobraban tarifas; por ejemplo por una hamburguesa cobraban 250 mil pesos, una caja de arroz chino cobraban 500 mil pesos, un litro de licor un millón de pesos, un celular un millón de pesos, una libra de marihuana millón quinientos mil pesos y por un paquete de sim card, millón 400 mil pesos”, relata uno de los testimonios en poder de la Fiscalía.

Igualmente reveló el organismo de investigación, que los implicados ingresaban con un dron varios elementos para el servicio de los reclusos. En junio de 2020, compraron un artefacto más grande, con más capacidad, por un valor de $35 millones para continuar con la actividad.

Así mismo, personas en la parte externa de la cárcel arrojaban celulares y otros elementos que eran recogidos y distribuidos en los pabellones con la complicidad de los guardianes.

La Fiscalía relacionó que en mayo de 2019, dos de los guardianes coordinaron el ingreso de 80 celulares, recibiendo 800 mil pesos por cada uno, para un total de 64 millones de pesos.

La Fiscalía cuenta con el testimonio de un interno con el que habrían coordinado la entrega, quien señaló que los equipos móviles fueron tirados en paquetes desde la parte externa de la cárcel por un auxiliar, y ese día estaba de turno uno de los dragoneantes implicados; los teléfonos quedaron tirados en la cancha, donde los recogieron y los guardaron en un sitio llamado ‘el rancho’.

Luego otro recluso,  encargado de distribuir la comida en los patios uno y dos, y en el pabellón de atención especial, recogió los equipos y los metió en paquetes dentro de un balde realizando un recorrido hasta los  pabellones pasando por donde estaban los guardias que presuntamente tenían conocimiento de esta situación.

 

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